martes, 10 de marzo de 2026

El gato naranjo

La memoria funciona de maneras muy antojadizas. Proyectamos en los lugares, los objetos, los animales tanto humanos como no-humanos el resabio de nuestras experiencias pasadas.
Un gato naranjo no te resulta simpático porque te recuerda a otro gato naranjo. 
La mente intenta simplificarlo todo, encontrar patrones donde no los hay.
"Los gatos naranjos son así", de la misma manera de "me llevo mal con los Leo". 
Y queremos justificar las excepciones (ah, es que este es naranjo completo, ah es que tu ascendente). 
Qué loco cuánto tenemos que insistir en hacer el ejercicio de recordar que hay matices en todo. En todo. En todo.
E incluso, el gato naranjo, ¿fue realmente lo que me molestaba? ¿En todos los contextos me habría caído mal ese gato naranjo? Si ese gato naranjo, no hubiese sido mi conviviente ¿lo habría querido más? Ya no recuerdo si mi distancia con el gato naranjo fue desde un principio, o talvez después de que V empezó a sentirse harto. Tal vez nunca me llamó la atención, tal vez siempre me incomodó su protagonismo, o talvez siempre me pareció deseable y el gato perfecto hasta que llegó a mi casa y se subió en todas partes. Talvez sólo fue V. Talvez sólo fue el mal momento que de manera subrepticia pasábamos con V. Talvez el gato naranjo sólo fue un chivo expiatorio de la tensión que yo acumulaba contra N. 
Si esto fuera un cuento de Edgar Allan Poe, habría asesinado al gato naranjo, o mejor aún, el gato naranjo me habría asesinado a mí. 
Quizá el gato naranjo ahora simboliza para mí la culpa, el remordimiento, el rencor, la envidia, los celos. Tantas emociones que quisiera arrebatar de mi interior.
Si lo vemos así, el gato naranjo estuvo muy cerca de matarme. O de atormentarme a tal punto que me pareciera una buena opción la muerte.
Libré una lucha con el gato naranjo. Una lucha silente, en la que él me hablaba, y yo buscaba ignorarlo, respirar, continuar, pero eso hacía que mostrara su verdadero rostro. Supongo que eso es lo que más rabia me da.
Rabia.
El gato naranjo siempre aparentaba ser dulce y bueno, pero en las mañanas, cuando yo no lo escuchaba - y de hecho, ni siquiera se trataba de algo premeditado, tan sólo es este super poder o discapacidad que me hace estar absorta en mis pensamientos y despegarme del mundo real - él, con su ternura hipócrita y su delicado y suave pelaje se acercaba lo suficientemente para moderme los tobillos. 
Qué papel jugaba N en esto. ¿Era cómplice del gato naranjo? ¿Era la adiestradora malévola del gato naranjo? Qué es lo que más odiaba del gato naranjo, al gato en sí o al trato deferente displiscente que N tenía hacia él. Creo que no puedo soportar el doble estándar, y creo que no puedo soportar la injusticia.
Vaya, qué gran hipocrecía, sigo en este mundo y la injusticia está en todos lados. 
El caso es que el gato naranjo no pudo matarme. Y yo no pude matarlo tampoco. Diría que el gato naranjo ganó. Pero más bien creo que los dos perdimos. La única que ganó fue N. Ella decidió librarse del gato naranjo. ¿El gato naranjo también la atormentaba? 
Se libró del gato naranjo y de mí. Se quedó con la casa donde el gato naranjo y yo imagínabamos distintas maneras de asesinarnos, y nos espantó a nosotres junto a nuestras pesadillas. O tal vez no. Se libró de nosotres, pero nuestros delirios de muerte siguieron circulando por el aire.
A ratos, cortábamos la electricidad. Y disfrutábamos cómo N dejaba de tener agua caliente, posibilidad de cocinar o incluso de entrar en calor. Esa era nuestra pequeña victoria, muy parecida a la victoria matutina del gato naranjo contra mis tobillos.
Eso queremos creer.
Pero probablemente no. Los dos perdimos. La casa se libró de nosotres. Nos escupió, como quien escupe algo que pensaba que tendría buen sabor y resulta estar vencido. O como quien se saca un trozo de cilantro del diente. Después de nosotres, fue un hogar lleno de amor. 
Y el gato naranjo se volvió más gordo. Y yo también.
No.
Todos ganamos.
La casa se libró de nosotres. Nos escupió. Pero con el impulso encontramos mejores lugares. Al fin nos sentimos en un hogar.
Deberíamos agradecerle a N? Quizá N y la casa son lo mismo. 
Traté de vivir en N, pero siempre fue una casa, y casa no es sinónimo de hogar.
¡¿y qué culpa tiene este otro gato naranjo?!
(pues, tiene el superpoder de hacerme volver a escribir)

lunes, 5 de febrero de 2024

tuve un amor adolescente en la reina (2007)

yo me imaginaba que pasaban años, y yo llegaba de improviso a tu casa. tú no estabas, pero yo entraba a tu habitación y lo desordenaba todo, escondiendo papeles por todas partes. te dejaba un mensaje en tu computador. y quería que las cosas fueran como en la canción de radiohead: "true love waits". un poco antes de que tú llegaras yo me iba. entonces, tu nana te decía "vino una niña con rulos diciendo que venía a dejarte algo. fernanda creo que se llamaba. se fue segundos antes de que llegaras". y tú salías corriendo para alcanzarme, pero no me encontrabas. y al volver veías el mensaje. entonces sabías que yo te quería. que estaba de vuelta en tu vida. salías corriendo para llegar a la hora a la que te esperaría. y cuando nos veíamos nos abrazabamos. así como te abracé cuando te vi aquel día en el apumanque. siempre soñé con encontrarte en el metro. al menos divisarte entre la gente. incluso hoy en día, a veces lo imagino. ya no como antes, claro. porque todo era imaginación. siempre fuimos dos fantasmas. me costaba creer que tú y yo nunca estaríamos juntos. me costaba creer que éramos "tú y yo" y nunca "nosotros". aah... fue hace mucho tiempo. eras un niño. qué rídiculas me suenan las escenas que imaginaba. a veces. no lo sé. pero me alegro sinceramente por ti. ahora cada uno tiene su nueva vida.

lunes, 11 de diciembre de 2023

 quisiera que sintieras mi ausencia como yo siento la tuya.


qué tonta

qué tonta

qué tonta

qué tonta

qué tonta

qué tonta

qué tonta

qué tonta

qué tonta

domingo, 29 de octubre de 2023

¿me lo inventé?

este amor inquebrantable

este porvenir

¿yo sola lo creé?


qué hago 

para sentir tu amor como una experiencia lejana

borrosa

¿no fue hace poco que nos acariciábamos los pies?

1

Acaso una palabra
tan sólo, sé decir: al despedirme,
lo más mío de mí se precipita
afuera, y busca y toma lo que amo.

Decir adiós, hablar para perderte
y saber que un instante,
el anudado instante en que lo digo,
puedo tenerte asida y te detengo.

Abro luego las manos, quedas libre.
Y el corazón te grita que te quedes
y no lo entiendes. Nunca
lo pudiste entender. Estamos solos.

Hay en todas las tardes una espina
extraña. Un soplo de ceniza ardiendo
tiembla en los corazones y las calles.
Es antes de la noche.

2

No sé. Todas las noches te he soñado;
por eso sufriré todos los días.
No lo puedo evitar; tú lo decías:
no olvida el corazón cuando se ha dado.

En el aire se mueve un desolado
olor de tiempo ausente. Las vacías
horas se van sin alma. ¿Lo sentías
al decirlo? No sé. Pero ha pasado.

Duermo: pesa mi amor sobre la palma
de tus manos, seguro como nave
por la corriente en paz en la nivela.

O la angustia de golpe me desarma;
barco sin playa soy, puerta sin nave,
soledad sin espejos: estoy en vela.

3

Te lo habrá dicho ya: que nadie muere
de ausencia, que se olvida, que un lamento
se repara con otro, y es el viento
o la raya en el agua que se hiere.

Y esta sed miserable que no quiere
perderte, acabará; y el pensamiento
por tanto tiempo tuyo, en un momento;
aunque hoy se aferre y grite y desespere.

Si todo se ha de ir, ¿por qué llegaste?
¿Por qué, si no me quieres, me has querido?
¿Me has curado tan sólo para herirme?

Así fue; te tuviste y me dejaste;
nada me quedará; te he recibido
no más que para verte y despedirme.

4

El tren que sale, el ruido,
el vuelo de tu mano en la ventana
que nos aleja. En la estación oscura
lo sé: no has de volver; pero te llamo.

Del irte al regresar, cuánta distancia
en ti se irá formando;
hasta tus mismos ojos al mirarme
de nuevo, si me miras, serán otros.

Pues contigo te llevas muchas cosas
que entre los dos hicimos, eran nuestras.
Te olvidarás de todo:
ni siquiera sabrás las que perdiste.

Ya ves; te fuiste, me he quedado. Un viaje
nunca tiene regreso, y la mirada
última que me diste, ¿la recuerdas?,
no volverá. La guardo.

5

Mi amor, el aire, octubre, la ceguera
de tus ojos. Es tarde. No lo viste,
no lo conoces; piensas que no existe,
y mi amor está en sombras y te espera.

El corazón que sabe, lo quisiera
decir: es sólo un sueño que persiste;
fue sólo anuncio del otoño triste
la verde lumbre de la primavera.

La cima de los árboles descubre
cada vez más, el cielo que se aclara:
bajan las hojas en la tarde fría.

Mayo contigo me ha mirado, octubre
me quiebra sin remedio; nos separa;
y yo pienso en tus ojos todavía.

(Rubén Bonifaz Nuño)

Hace falta coraje para mirarse a uno mismo

- Cambié - dijiste.

Y yo no entendía


pero sí.

Tu corazón solía ser ancho.

Tanto, que no cabía entre los edificios.

Tenía que escaparse al bosque o las montañas

para desafixiar su latido.


Ahora tu corazón es estrecho.

Tanto, que no tiene la valentía de la palabra clara y sincera

para despedirse

mirando a los ojos.


No entendía.

Pero así funciona.


Es el corazón 


cobarde


de un hombre. 

jueves, 17 de agosto de 2023

Correspondencia (2016)

11 de marzo

(...)

Cada día estoy más seguro que eres un planeta con una fuerza gravitatoria que atrae cosas cuando estas cerca mío. 

Te abrazo a la distancia chinita linda y te envió dos besos, uno por hombro.




12 de marzo


(...)


“haber amanecido juntos

encima de mi frazada

como 2 panes con

mantequilla el sábado

a las 3 de la tarde”

 

Te quiero, 

¡cuídate el pie para que puedas volver a ser una liebre!


PD: Ahora tengo tres besos. Uno en cada hombro y el que tengo guardado cerca de la clavícula desde que nos despedimos en mi casa (eso me hace feliz).




14 de marzo


(...) quedé conforme al saber que tenías tres besos míos en tu piel. Aunque creo que sumaría un cuarto en centro de la cruz que se forma entre tus hombros y la columna, justo ahí donde te beso cuando estas ocupada haciendo cosas en la casa. Creo que reprimí o evite pensar en echarte de menos, pero ya no puedo con eso, TE QUIERO y estoy muriendo por verte.

(...)

y


aunque suene imposible

Caminar

Correr si quieres

ir al cine,

verte reír,

ducharnos juntos,


lo quiero todo

y sin descanso




19 de marzo


Estando tan sólo a horas de tomar la nave de regreso, ya me estoy despidiendo del planeta Córdoba y saludando al planeta Santiago de Chile. Pero sobre todo abrazo a la estación Vicente, la más cálida, alegre, inquieta y llena de árboles de la zona (es tan movible que dudo si es una estación o más bien es un satélite, un asteroide, un cometa o un planeta mismo)