lunes, 11 de mayo de 2026

J'ai envie de parler de conneries sur toi

no malas tonterías
sólo tonterías
como lo tonta que me siento de no poder dejar de tararear tu canción
y el terror que tengo denogustartetantocómotúmegustas
el miedo que le tengo a los fantasmas
esos que son más
...
que yo

mais c'est de conneries sur moi
sur le fait que je me sent ridicule quand je suis amoureuse
mais pas amoureuse en general
no, sólo así, 
cuando me enamoro como tonta
e intento, sin remedio, tocar el suelo
con la punta de la nariz
recostarme, de lado, de guata, de espalda,
aplastar mis mejillas contra las baldosas
a ver si así recuerdo la realidad
y dejo de andar entre nubes y miedos
a ver si así puede dejar de reverberar la sonrisa de tus ojos en
mis piernas
mis dedos
mis hombros
mis costillas, mis lunares, mi sexo
mi pecho, mi frente, mis uñas
tus silencios, tus pausas
en mis piernas, mis dedos, mis hombros

cómo enamorarse sin perderse
sin ponerse loquita
cómo enamorarte cuando estoy
loquita y
bien weona.

Sufro de vértigo.
Aún de guata en el suelo, 
siento cómo se abre el abismo por la Rue Boyer
¡Pero si es primavera! Mariposas, pájaros, esporas en el cielo
todo flota, y yo
en cambio estoy aquí
sufriendo como una tonta
por lo mucho que me aterra la vaga idea de que quizá, en estas 3 semanas, 
yo esté más tonta por ti
más derretida, perdida y weona 
que tú por mí

tienesunpodersobremíahora

ya escribí sobre tí
esto se vuelve más real
para mí
¿pero para ti?

martes, 10 de marzo de 2026

El gato naranjo

La memoria funciona de maneras muy antojadizas. Proyectamos en los lugares, los objetos, los animales tanto humanos como no-humanos el resabio de nuestras experiencias pasadas.
Un gato naranjo no te resulta simpático porque te recuerda a otro gato naranjo. 
La mente intenta simplificarlo todo, encontrar patrones donde no los hay.
"Los gatos naranjos son así", de la misma manera de "me llevo mal con los Leo". 
Y queremos justificar las excepciones (ah, es que este es naranjo completo, ah es que tu ascendente). 
Qué loco cuánto tenemos que insistir en hacer el ejercicio de recordar que hay matices en todo. En todo. En todo.
E incluso, el gato naranjo, ¿fue realmente lo que me molestaba? ¿En todos los contextos me habría caído mal ese gato naranjo? Si ese gato naranjo, no hubiese sido mi conviviente ¿lo habría querido más? Ya no recuerdo si mi distancia con el gato naranjo fue desde un principio, o talvez después de que V empezó a sentirse harto. Tal vez nunca me llamó la atención, tal vez siempre me incomodó su protagonismo, o talvez siempre me pareció deseable y el gato perfecto hasta que llegó a mi casa y se subió en todas partes. Talvez sólo fue V. Talvez sólo fue el mal momento que de manera subrepticia pasábamos con V. Talvez el gato naranjo sólo fue un chivo expiatorio de la tensión que yo acumulaba contra N. 
Si esto fuera un cuento de Edgar Allan Poe, habría asesinado al gato naranjo, o mejor aún, el gato naranjo me habría asesinado a mí. 
Quizá el gato naranjo ahora simboliza para mí la culpa, el remordimiento, el rencor, la envidia, los celos. Tantas emociones que quisiera arrebatar de mi interior.
Si lo vemos así, el gato naranjo estuvo muy cerca de matarme. O de atormentarme a tal punto que me pareciera una buena opción la muerte.
Libré una lucha con el gato naranjo. Una lucha silente, en la que él me hablaba, y yo buscaba ignorarlo, respirar, continuar, pero eso hacía que mostrara su verdadero rostro. Supongo que eso es lo que más rabia me da.
Rabia.
El gato naranjo siempre aparentaba ser dulce y bueno, pero en las mañanas, cuando yo no lo escuchaba - y de hecho, ni siquiera se trataba de algo premeditado, tan sólo es este super poder o discapacidad que me hace estar absorta en mis pensamientos y despegarme del mundo real - él, con su ternura hipócrita y su delicado y suave pelaje se acercaba lo suficientemente para moderme los tobillos. 
Qué papel jugaba N en esto. ¿Era cómplice del gato naranjo? ¿Era la adiestradora malévola del gato naranjo? Qué es lo que más odiaba del gato naranjo, al gato en sí o al trato deferente displiscente que N tenía hacia él. Creo que no puedo soportar el doble estándar, y creo que no puedo soportar la injusticia.
Vaya, qué gran hipocrecía, sigo en este mundo y la injusticia está en todos lados. 
El caso es que el gato naranjo no pudo matarme. Y yo no pude matarlo tampoco. Diría que el gato naranjo ganó. Pero más bien creo que los dos perdimos. La única que ganó fue N. Ella decidió librarse del gato naranjo. ¿El gato naranjo también la atormentaba? 
Se libró del gato naranjo y de mí. Se quedó con la casa donde el gato naranjo y yo imagínabamos distintas maneras de asesinarnos, y nos espantó a nosotres junto a nuestras pesadillas. O tal vez no. Se libró de nosotres, pero nuestros delirios de muerte siguieron circulando por el aire.
A ratos, cortábamos la electricidad. Y disfrutábamos cómo N dejaba de tener agua caliente, posibilidad de cocinar o incluso de entrar en calor. Esa era nuestra pequeña victoria, muy parecida a la victoria matutina del gato naranjo contra mis tobillos.
Eso queremos creer.
Pero probablemente no. Los dos perdimos. La casa se libró de nosotres. Nos escupió, como quien escupe algo que pensaba que tendría buen sabor y resulta estar vencido. O como quien se saca un trozo de cilantro del diente. Después de nosotres, fue un hogar lleno de amor. 
Y el gato naranjo se volvió más gordo. Y yo también.
No.
Todos ganamos.
La casa se libró de nosotres. Nos escupió. Pero con el impulso encontramos mejores lugares. Al fin nos sentimos en un hogar.
Deberíamos agradecerle a N? Quizá N y la casa son lo mismo. 
Traté de vivir en N, pero siempre fue una casa, y casa no es sinónimo de hogar.
¡¿y qué culpa tiene este otro gato naranjo?!
(pues, tiene el superpoder de hacerme volver a escribir)