domingo, 29 de octubre de 2023

Hace falta coraje para mirarse a uno mismo

- Cambié - dijiste.

Y yo no entendía


pero sí.

Tu corazón solía ser ancho.

Tanto, que no cabía entre los edificios.

Tenía que escaparse al bosque o las montañas

para desafixiar su latido.


Ahora tu corazón es estrecho.

Tanto, que no tiene la valentía de la palabra clara y sincera

para despedirse

mirando a los ojos.


No entendía.

Pero así funciona.


Es el corazón 


cobarde


de un hombre. 

jueves, 17 de agosto de 2023

Correspondencia (2016)

11 de marzo

(...)

Cada día estoy más seguro que eres un planeta con una fuerza gravitatoria que atrae cosas cuando estas cerca mío. 

Te abrazo a la distancia chinita linda y te envió dos besos, uno por hombro.




12 de marzo


(...)


“haber amanecido juntos

encima de mi frazada

como 2 panes con

mantequilla el sábado

a las 3 de la tarde”

 

Te quiero, 

¡cuídate el pie para que puedas volver a ser una liebre!


PD: Ahora tengo tres besos. Uno en cada hombro y el que tengo guardado cerca de la clavícula desde que nos despedimos en mi casa (eso me hace feliz).




14 de marzo


(...) quedé conforme al saber que tenías tres besos míos en tu piel. Aunque creo que sumaría un cuarto en centro de la cruz que se forma entre tus hombros y la columna, justo ahí donde te beso cuando estas ocupada haciendo cosas en la casa. Creo que reprimí o evite pensar en echarte de menos, pero ya no puedo con eso, TE QUIERO y estoy muriendo por verte.

(...)

y


aunque suene imposible

Caminar

Correr si quieres

ir al cine,

verte reír,

ducharnos juntos,


lo quiero todo

y sin descanso




19 de marzo


Estando tan sólo a horas de tomar la nave de regreso, ya me estoy despidiendo del planeta Córdoba y saludando al planeta Santiago de Chile. Pero sobre todo abrazo a la estación Vicente, la más cálida, alegre, inquieta y llena de árboles de la zona (es tan movible que dudo si es una estación o más bien es un satélite, un asteroide, un cometa o un planeta mismo)

lunes, 23 de noviembre de 2020

la respuesta:

 y qué venís vo

a tratarme a mí de tonta culiá

cuando en vez de reparar el hoyo

te metís adentro

y te revolcai

no te dai cuenta que de tanto mirarme

y moverte aquí dentro

se está agrandando el agujero?

Tengo una pena honda.

A veces,

yo misma la miro y le pregunto

¿cómo fue que te cavaste tan honda?

Y la trato de tonta,

por haberse esforzado más de la cuenta.

¡No era para tanto!

Y sin embargo, el hoyo ya está hecho.

¿Cómo mierda lo lleno ahora?

Y miro al costado,

donde tiró todos los recuerdos

a un montoncito donde se ven como una masa amorfa,

pegajosa y oscura;

donde no es posible separar un recuerdo de otro, 

porque todas sus partes están repartidas

y las partes bonitas de uno

se mancharon con las partes feas de otro.

¿Cómo mierda entonces puedo llenar el hoyo?

Si intento meter esta masa amorfa

de vuelta al hoyo

ni siquiera cabría dentro.

Tengo que sumergirme en la masa

para separar lo bonito de lo feo

y meterlo de vuelta,

¿Puedo deshacerme de lo que no me gusta?

Parece que no,

se quedaría ahí

dando vueltas.

¿Es que a caso tengo que separar

y ordenarlo todo?


Siempre fui tan mala ordenando.


¡Pena tonta! 

-bah, qué tonta, ¡pena culiá!



jueves, 12 de noviembre de 2020

En unos días más es mi cumpleaños, y no he podido dejar de repasar el día que caminábamos en silencio, pero ardiendo en ira por seminario. Quizá fue de los momentos más intensos e íntimos que vivimos. En eso, algo tan simple como compartir un silencio, cargado de fuego interno.

Ese era el día anterior a mi cumpleaños, el día en que habían asesinado a Catrillanca.

No sé cómo fue que salimos de la casa después. Pero tomamos una micro, y nos pasamos. Cuando íbamos caminando por Matucana dieron las 12. Y aunque cierro los ojos y me esfuerzo y me esfuerzo no puedo recordar qué fue lo que hiciste. ¿Fue un grito? ¿Fue un aplauso? ¿Fue un abrazo al que respondí torpemente? Cuán escurridiza es la memoria. Pasé las 12 con quien fue mi amigo del alma, y a quien probablemente nunca le expresé concretamente mi afecto. Creo que me dio vergüenza, respondí torpemente y compartimos otra caminata, pero de esas alegres y risueñas que quisiera repetir todos los días como cuando vivíamos juntos.

Cómo recupero la liviandad que me hacías sentir?

 ¿cómo

una

se

reconcilia

con

un

muerto?


¿cómo

un

muerto

deja

de

ser

un

sustantivo

tan 


tan


tan


ajeno


frío


sin forma?


¿cómo

una

se

reconcilia

con

un

fantasma?


¿cómo

una

se

graba

un

momento

en

la

mente?


¿cómo

hacer

para 

evadir

la muerte

de/en

la muerte?

viernes, 4 de septiembre de 2020

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja
—Si es que llego—
Y me mire al espejo
Y me cuente las arrugas
Como una delicada orografía
De distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
Que han dejado las lágrimas
Y las preocupaciones,
Y ya mi cuerpo responda despacio
A mis deseos,
Cuando vea mi vida envuelta
En venas azules,
En profundas ojeras,
Y suelte blanca mi cabellera
Para dormirme temprano
—Como corresponde—
Cuando vengan mis nietos
A sentarse sobre mis rodillas
Enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
Sé que todavía mi corazón
Estará –rebelde– tictaqueando
Y las dudas y los anchos horizontes
También saludarán

Mis mañanas. 




(Gioconda Belli)